Dignidad humana

20.10.04

El escándalo de las modelos recogepelotas

Una de las mayores paradojas del mundo moderno, dominado por el erotismo explícito es que cuanto mayor es la libertad sexual, más delitos contra ella se cometen. Se podrá argumentar que no sabemos lo que ocurría en Grecia, Roma, la India, el Renacimiento, el siglo de Oro. Podemos creer que lo que nos dejaron Aristófanes, Ovidio, el Kamasutra, Boccaccio o Fernando de Rojas era algo generalizado en su tiempo. Nada hay, sin embargo, que permita pensar que ha habido en cualquier otra época de la Historia grupos o individuos que defendían los derechos de la mujer frente a la exhibición de su imagen pero aceptaban sin rechistar discriminaciones sociales, laborales y económicas; sujetos u organizaciones que han vivido y viven de la explotación de la mujer, desde los rufianes a los editores de revistas masculinas pasando por los ejecutivos de primer nivel, los creativos del marketing y las gentes que rechazan los concursos de belleza, los desfiles de modelos y los anuncios sexistas pero practican con reflejo estadístico la violencia de género.

El político inglés Christopher Morley decía que "en política siempre debemos optar entre dos males". En el caso de la utilización sexista de la imagen femenina para la promoción de ventas, esos dos males son la inocente reacción de la secretaria de Estado de Políticas de Igualdad, que ha pedido la retirada de las modelos que realizan la tarea de recogepelotas en el Masters de Tenis de Madrid, y la tolerancia con la que admite las infinitas discriminaciones de todo tipo que la mujer sufre todavía en España con conocimiento del ministerio de Trabajo, al que la fervorosa feminista pertenece. Malo es el abuso sexista de la imagen femenina en las Artes, la moda, la publicidad, los medios. Pero peor es creer que criticando ese abuso ya se ha hecho todo lo que se puede hacer en materia de igualdad de derechos y reivindicaciones femeninas.

Luis Ignacio Parada. ABC.