Dignidad humana

29.9.04

Tomarse en serio las diferencias sexuales

La última carta de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe sobre el papel de hombres y mujeres ha suscitado las burlas de muchas organizaciones feministas, que han denunciado lo que consideran que es una visión anticuada de los sexos por parte de la Iglesia.

Uno de los conceptos que critica la carta vaticana es la idea de que «para evitar cualquier supremacía de uno u otro sexo, se tiende a cancelar las diferencias, consideradas como simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural» (No. 2). La Iglesia, observa la carta, prefiere proponer una «colaboración activa entre el hombre y la mujer, precisamente en el reconocimiento de la diferencia misma» (No. 4).

Un respaldo a esta afirmación de que hay diferencias sustanciales entre hombres y mujeres se encuentra en un libro publicado recientemente por Steven Rhoads, «Taking Sex Differences Seriously» (Tomarse en Serio las Diferencias Sexuales).

En nuestros días, es un lugar común la noción de que son las familias y la cultura las que determinan la masculinidad y la feminidad, observa Rhoads. Esta creencia se ha visto facilitada por la creciente igualdad de las mujeres en campos como la educación superior y el empleo, y por la promoción por parte de las organizaciones feministas de la idea de que los papeles del género están construidos socialmente. La tesis de la construcción social es común a muchas escuelas de pensamiento feminista, explica Rhoads.

El pensamiento feminista no puede negar las funciones reproductivas diversas de hombres y mujeres, observa Rhoads. Sin embargo, se considera que estas diferencias son pocas y de relativa poca importancia, mientras que las diferencias de sexo que se aprenden son tan numerosas como poderosas. Y si los papeles de género se aprenden, dicen las feministas, pueden ser «desconstruidos», creando así una sociedad más justa. Seguir leyendo...