Dignidad humana

16.9.04

La homosexualidad y la cuadratura del círculo

Quisiera referirme, sobre todo, a quienes tienen una acusada tendencia homosexual y no a aquellos que optan por un dejarse llevar aleatorio en el terreno afectivo. Tal vez no es tan fácil trazar una frontera.

Quien piensa que el hecho homosexual es normal se contradice. Lo normal es lo que está sometido a normas y a normas que no dependen del interesado. Si el delantero centro hace un mate con el balón por encima del larguero o si el jugador de basket mete una canasta “de chilena” la acción puede ser brillante, pero bastante ridícula. No pretendo hacer gracias sobre un tema delicado sino ser gráfico.

La realidad de las severas infecciones, sin previo contagio, que pueden producirse en las prácticas homosexuales no parece ser algo muy considerado. Desde el momento en que una persona se despecha, pensando que tiene la razón, puede que no haya quien la pare. Por esto voy a intentar otras reflexiones. El hombre o la mujer profundamente homosexual no es un ser normal sino una biografía con una dramática contradicción. El drama de la homosexualidad puede llegar a tener la misma entidad que cualquier otra enfermedad dura y crónica. Quienes dan carta de normalidad a las prácticas homosexuales mienten porque la heterosexualidad física es una evidencia biológica. Pero el hombre puede negar la evidencia como cuando niega un penalti de tarjeta roja o dice con genuina frescura que no estaba copiando mientras esconde una chuleta en el pupitre. Cuando se niega lo evidente se afirma el cinismo. El cínico es aquel que no tiene más verdad y bien que su interés.

El progresismo de alcanzar la victoria gay es la peor dentellada que puede hacerse a unas personas que merecen todo respeto y ayuda como son los homosexuales. Una inmensa inepcia mental aprueba la cuadratura del círculo precisamente porque no tiene ninguna institución estable que defender: ni la de la naturaleza humana, ni la de la familia, ni ninguna; por eso se reduce a ser todo progresismo. Se trata de una huida hacia delante; un pretendido progreso sin referencias a puntos cardinales ni a brújulas “opresoras”…El mejor modo de caer por un abismo.

Cuando se tiene fiebre y se suda lo mejor no es dormir con la ventana abierta para que entre el aire frío. Conviene estar caliente, fermentar la enfermedad y superarla. Las enfermedades del propio carácter son de las más difíciles de mejorar, tanto más si no se reconocen. Una persona homosexual, en principio, puede ser diez veces más inteligente, noble y limpia que otra heterosexual; pero eso es distinto de su situación psico-afectiva. La homosexualidad se inserta dentro de la línea de realidades dramáticas de un mundo con heridas lacerantes. Quien tenga respuestas para estas heridas también las tendrá para dos de ellas: la homosexualidad y el cerrilismo infrahumano e insultante de los que no se hacen cargo de este duro problema. Los que tienen capacidad para detectar la aurora en medio de la madrugada o la curvatura de la tierra en un inmenso plano son los que tal vez puedan entender las coordenadas de este problema.

José Ignacio Moreno Iturralde