Dignidad humana

7.9.04

El sentido de la propia existencia

Holanda vuelve a ser noticia en el debate de la eutanasia con el intento de ampliar su aplicación a recién nacidos y niños incapaces de solicitarla como requiere la ley de despenalización de la eutanasia aprobada en 2002. La novedad actual es un protocolo elaborado por facultativos y consensuado con autoridades judiciales para proteger legalmente al médico que decida aplicarla en casos de grave enfermedad con pronóstico fatal en pocos meses o años.

La argumentación que respalda a este protocolo no es nueva; de hecho, repite los mismos argumentos que en el caso de la eutanasia de adultos: compasión hacia el enfermo y sus familiares, escasa calidad de vida, etc. Lo mismo sucede con el procedimiento: se empieza por casos muy acotados, para luego ir ampliando una norma que la praxis convierte en «estrecha»; se habla de «consenso para una aplicación flexible de la ley» para luego proponer, en base a la casuística, la necesidad de una modificación legislativa que recoja la realidad social». Es lo mismo que pasó con el aborto y su ampliación de supuestos y plazos.

Me siento interpelado como médico, y aún más como especialista en Pediatría, cuando se habla de actos médicos que suponen una agresión a la vida de un ser humano, dado que nuestro contrato social como profesionales es promover la salud del ser humano en todas sus facetas y circunstancias. Resulta especialmente esclarecedor apelar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, a mi entender, es uno de los hitos históricos que marcan mejor el listón que define a una sociedad civilizada. Si no se admite el derecho a la vida ligado a la dignidad de todo ser humano por el hecho de serlo, es muy difícil encontrar argumentos que, manteniendo un discurso coherente, no nos lleven a situaciones insostenibles.

Si condicionamos el derecho a la vida a su calidad, a las emociones de terceros, a intereses científicos o económicos, ¿quién puede oponerse a que se reconsidere el concepto de calidad de vida, o de compasión, o de beneficio científico? ¿Quién, cuando se acepta un aborto antes de las 12 semanas, es capaz de argumentar seriamente que no sería lícito a las 24? ¿Con qué fuerza podemos criticar el pensamiento nazi cuando en su base ideológica estaba el poner condiciones al valor de una vida humana?

Lo que ha propuesto el hospital de Groningen no es una novedad; es una historia cuyo desenlace conocemos. Y lo peor es que, quien debiera dar luz en estos temas por sus conocimientos, lleva a la opinión pública una solución al grave problema de algunos pequeños pacientes que, de hecho, no lo es: ni para él ni para su familia. A mi entender, la Medicina actual tiene suficientes recursos para paliar el sufrimiento del enfermo con un protocolo analgésico potente, tiene recursos en el campo de la Psicología y la Farmacología para ayudar a las personas del entorno del paciente; y, ya en el ámbito de los valores, la experiencia de la enfermedad puede ser enriquecedora en tanto que permite profundizar en el sentido de la propia existencia y relativizar la propuesta que una sociedad materialista nos impone (en vano) como instrumento de felicidad personal.

Josep Argemí, catedrático de Pediatría. ABC, viernes 3 de septiembre de 2004.