Dignidad humana

6.9.04

Al otro lado de la eutanasia

Tras el debate de la eutanasia se ocultan historias que nada tienen que ver. Las hay aplicadas por organizaciones como «Dignitas», pero también otras ejecutadas por personas que pueden ocultar intereses y una personalidad sádica. Una clínica de Baviera ocultaba diez cadáveres; un psiquiatra suizo, Baumann, está procesado por «sadismo encubierto»... En fin, la trastienda de la vida con olor a muerte.

Turismo funeral

Suiza se ha convertido en una meca del turismo funeral. Organizaciones suicidas como «Dignitas», con 3.900 miembros, promueve su mediación también para extranjeros, de forma que la mitad de sus miembros vienen de fuera. «Exit» cuenta con 60.000 miembros y un equipo de raros voluntarios cuya vocación en tiempo libre no parece ser otra que la de echar una mano a otros semejantes a quitarse la vida. Mil trescientas personas se quitan anualmente la vida, pero de ellas sólo un 5 por ciento busca o recibe asistencia para ello. En Alemania, con un lacerante pasado de aplicación de programas de eutanasia y eugenesia por el Gobierno del III Reich, el tema constituye tabú para políticos, asociaciones médicas e iglesias, pero una encuesta del instituto Allensbach revela que, en cambio, la sociedad sería proclive a la elección del paciente en casos terminales.

Así lo expresó un 60 por ciento de germano-occidentales y hasta un 80 por ciento de germano-orientales. La policía tiene contabilizados en las últimas décadas 12 casos de crímenes en serie, encubiertos como compasión hacia el paciente, pero asume que la mayoría nunca saldrá a la luz, pues como dice el informe del antiguo decano de Psicología Jurídica, Herbert Maisch, «un hospital es el lugar más fácil para matar». El psiquiatra e investigador de casos Karl Heinz Beine confirma que «en ningún caso que he investigado las sospechas provinieron del examen forense del cadáver». Entre los casos más destacados además del actual -y aparte el del enfermero inglés Harold Shipman, que mató hace décadas entre 300 y 500 pacientes-, en Alemania han conmocionado los de la médico internista de Hannover Mechthild Bach, acusada el año pasado de 11 muertes; la enfermera Michaela R. de Wuppertal, en los años 80, condenada por 5 muertes; el enfermero Wolfgang L. de Gütersloh, por 10; o el del también enfermero de Bremen, Olaf D., que en 2001 despachó a cinco ancianitas, esto una vez apalabradas sus herencias.

Lo que la compasión esconde

Para el psiquiatra y autor del primer estudio sistemático sobre «homicidios de pacientes y enfermos», Karl Heinz Biene, la respuesta es clara: «No es compasión ni samaritanismo alguno», sino más frecuentemente «autocompasión». «Buscan en realidad liberarse ellos del insoportable sufrimiento de ver al paciente o al moribundo». El jefe de Psiquiatría del St. Marien Hospital en Hamm, que ha viajado por todo el mundo compilando casos, cree que es «la incapacidad» de algunas personas para soportar la visión del dolor, «más que la misericordia por el que sufre». «El autor quiere acabar con el propio sufrimiento, acabando con el que sufre y con ello también con el fantasma del propio dolor y la propia muerte». ¿Será el caso de Baumann? Según el estudio, la mayoría de los autores son hombres inseguros, con escasa vida privada, y al tiempo son personas muy valoradas; aunque cuando derivan hacia su plan de muerte, su subconsciente buscaría el entumecimiento por el cinismo dejando de hablar de los pacientes por sus nombres y referirse como «el sidoso», «el apopléjico» o disertar gratuitamente sobre los costes que comporta alguien que no acaba de morir. El doctor Biene alerta de que a «enfermos ancianos se les estarían reteniendo medios y recursos», lo que da comienzo a una deriva que lleva a «desposeerlos de su humanidad y dignidad». El pasado año, los catedráticos Friedrich Breyer y Joachim Wiemeyer saltaron a la opinión pública con su propuesta de «a partir de los 75 (años), sólo aspirinas». Durante el nazismo, se hizo famoso entre otros un cartel de propaganda estatal con el dibujo de un enfermo y la proclama: «60.000 marcos cuesta este enfermo congénito durante toda su vida a la sociedad, ¡alemanes, es vuestro dinero!».