Dignidad humana

20.8.04

El «bebé milagro» cumple 14 años

Los médicos que han vigilado su crecimiento publican su caso en «The New England Journal» y concluyen que las prematuras tienen más posibilidades que los niños.

- Fotografía de Madeline Mann, después de nacer en junio de 1989

- Madeline Mann toca el violín en esta foto tomada recientemente para el The New England Journal of Medicine

Nuria Ramírez de Castro (ABC, Madrid).- Madeline Mann es ahora como cualquier jovencita de su edad, salvo porque a sus 14 años aún no supera el metro y medio de estatuta. Sus 1,36 metros le recuerdan hoy que nada más nacer batió un récord de resistencia al convertirse en el bebé prematuro más pequeño que sobrevive al nacimiento.

Vino al mundo antes de tiempo, porque a las 26 semanas y 6 días de gestación la vida de su madre corría peligro. Los médicos que atendieron el parto sabían que sería pequeña, pero no imaginaban ese ser tan diminuto. Cuando nació apenas pesaba 280 gramos y medía 25 centímetros. Hoy pesa 25,4 kilos y, contra todo pronóstico, no arrastra secuela neurológica alguna ni tampoco déficit cognitivos. Toca el violín, es buena estudiante, tiene buenas relaciones con sus amigos, y ya ha tenido su primera menstruación.

Tampoco ha enfermado más que otros niños considerados sanos. A los dos años la pequeña Madeline tenía un desarrollo mental normal y era capaz de caminar sin ayuda. Y la única vez que volvió a ingresar en un hospital fue por una neumonía, de la que aún se resiente.

Su historia se conoce ahora porque los médicos que han vigilado su crecimiento han contado su caso en una revista médica, «The New England Journal of Medicine». Jonathan Muraskas, uno de los facultativos que ayudó a nacer a Madeline, explica en su artículo que lo increíble del caso no es que siga viva, sino que lo haga sin secuelas neurológicas, tan frecuentes en los niños prematuros.

La ventaja de la pequeña Madeline es que estuvo en el vientre de su madre más de cinco meses y aunque su peso era mínimo, se encontraba dentro de los límites de viabilidad, la franja que separa lo científicamente posible del milagro. Ese límite está entre las 24 semanas de gestación y los 500 gramos, de peso. Por debajo de esas cifras, la mortalidad roza casi el cien por cien y, en el improbable caso de sobrevivir, las secuelas son del todo previsibles: lesiones cerebrales, trastornos sensoriales, del desarrollo, motores...

A partir de esos cinco meses de crecimiento en el útero, las posibilidades de salir adelante aumentan. Aunque los médicos de la Universidad de Loyola que lucharon por Madeline no contaban hace catorce años con los avances más recientes que han contribuido a mejorar la supervivencia de los prematuros. Como los fármacos que aceleran la maduración del feto o los nuevos sistemas que ayudan a respirar a estos pacientes diminutos sin lesionar sus pulmones.

Niñas más fuertes

En el artículo, los autores insisten en que la edad gestacional es «crítica» para la supervivencia. Y subrayan que la experiencia demuestra que las niñas prematuras son más resistentes que los niños «por razones que aún no se pueden explicar». Un estudio reciente también confirmaba que las niñas que nacían antes de tiempo eran menos propensas a tener daños cerebrales.

En la literatura médica se han descrito 52 casos de bebés prematuros con un peso inferior a 400 gramos y 25 semanas y seis días de gestación, como media. El 83 por ciento eran niñas.