Dignidad humana

7.8.04

Declaración de Montevideo

Reunidos en la ciudad de Montevideo en el X Congreso Ciencia y Vida y uniéndonos al espíritu de las declaraciones de Querétaro, Buenos Aires, San José, México, Cartagena y Guadalajara, con ánimo de contribuir al avance del quehacer científico y preocupados por el dirigismo que ejercen los poderes constituidos en la investigación y desarrollo de la ciencia,

PROCLAMAMOS:

1.- La necesidad de proteger la libertad de los científicos garantizando su independencia de los centros de poder. Como ocurrió en Alemania durante el tercer Reich, cuando la complicidad de la universidad y los científicos alemanes permitió al estado nazi proseguir políticas de ignominia antihumana sin precedentes, hoy también los servidores de la ciencia se encuentran en muchos de nuestros países colaborando en investigaciones y programas que instrumentalizan y esclavizan vidas humanas. Particularmente ello se manifiesta en lo que concierne a los seres humanos en estado embrionario, pero también en lo que hace referencia a la experimentación humana no consentida ni informada, a las esterilizaciones forzosas, y a las consecuencias ambientales del mal llamado desarrollo. En muchas de estas instancias los científicos implicados trabajan, como en la Alemania nazi, al dictado de políticas que sirven los intereses del poder que dispensa con carácter de monopolio los fondos para la investigación.

2.- La necesidad de fomentar entre los hombres y mujeres de ciencia un sentido y una conciencia crítica que aleje el fantasma totalitario que dibuja la preponderancia del pensamiento único, tal y como este se manifiesta en los postulados de la cultura del materialismo individualista y práctico que abanderan los centros de poder, mediático y político, de Europa y de Estados Unidos y que intentan exportarse a Latinoamérica. Denunciamos la sustitución de las teorías del conocimiento de base humanista por una teoría de la ciencia que hace de la sociedad un puro objeto con lo que se llega a entender a los demás, e incluso a nosotros mismos, como si fuésemos bienes materiales. Asimismo defendemos la conveniencia de apoyar y fomentar la divulgación científica en lengua no inglesa.

3.- La necesidad de replantear la remuneración de los hombres y mujeres de ciencia de modo que su nivel de vida y su libertad para investigar no dependan necesariamente ni de su sumisión al poder ni de su capacidad de generar expectativa de beneficio económico. Hacemos en esta declaración un llamamiento a los órganos que ordenan la política económica de nuestros países en nombre de muchos científicos que queremos ser, a la vez, científicos excelentes y pobres; contentándonos con poder seguir sirviendo a la ciencia viviendo como viven las gentes con las que compartimos nuestros deberes cívicos, sin prebendas ni miserias que dificulten nuestro compromiso con la verdad y nuestra responsabilidad ante nuestros conciudadanos.

4.- La urgencia de alumbrar estructuras plurales de apoyo a la investigación científica y técnica que operen con independencia responsable de los centros de toma de decisiones por parte del poder político, en universidades públicas y privadas. Vemos particularmente necesario que los gobiernos vean como un objetivo propio en aras de extender y fomentar la pluralidad y la democracia, apoyar económicamente a las instituciones educativas de iniciativa privada y social, laicas y religiosas, para que en ellas se pueda llevar a cabo también la labor investigadora y la apuesta por la excelencia que competen a la vocación científica y su compromiso con la verdad y el servicio a todos.

5.- Por último, abogamos, en el marco de un mundo cada vez más amenazado por ingenios de destrucción masiva, por la necesidad de que la formación científica se sustente en principios éticos sólidos. Para ello será conveniente habilitar los organismos nacionales e internacionales necesarios para exigir conciencia a la ciencia mediante las penas que sea necesario estipular. La memoria de la implicación de científicos en los planes de exterminio de antaño nos debe de aleccionar para mejorar nuestra formación ética ya que al fantasma del terrorismo científico se le debe de hacer frente con resolución aun antes de que aparezca.


En Montevideo a 31 de Julio de 2004.