Dignidad humana

21.7.04

Ser humano y ser objeto de producción son dos nociones contradictorias

Respecto a los “preembriones sobrantes” lo que realmente sobra es lo de “pre”. No hay peor sordo que el que no quiere oír porque se han dado múltiples argumentos biológicos para demostrar que la vida humana es un continuo desde la concepción y que no hay nada esencialmente distinto en el día catorce respecto al trece, donde todavía se es embrión de segunda o pre-embión, por un acuerdo absolutamente arbitrario y sectareo.

Lo que verdaderamente sobran son intereses en contra de la realidad; intereses de diversos tipos: la aspiración a tener hijos desde la esterilidad, el avance de la ciencia o ,quizás, los meramente mercantilistas. Desde luego son muy distintos unos intereses respecto a otros. Veamos: si el día en que cumplí dieciséis años -por una de las  casualidades de la vida- me entero de que fui seleccionado in vitro,  descongelado e implantado en el útero materno; pero que sin embargo otros  hermanos míos, a los que ahora se llaman estructuras biológicas, se quedaron  en el frigorífico o fueron posteriormente matados y utilizados…sospecho que  empezaría a ver a mi madre de otra manera notablemente distinta. Es  comprensible el ansia de paternidad pero los hijos no son un producto y hay  mucho niño abandonado a su suerte al que se puede adoptar.

La ciencia es considerada por algunos como algo imparable: “ninguna  convicción ha de interponerse a su desarrollo”. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que eso supone ya partir de una convicción. Otros preferimos defender que la ciencia está al servicio del hombre y de toda vida humana. Cuando las ferreas convicciones de una ciencia deshumanizada sacrifican a miles de vidas humanas indefensas e incipientes en la mesa de un pretendido progreso se está recorriendo a gran velocidad la senda de un biofanatismo de severo pronóstico.

Cuando las clínicas de fertilidad se lucran con una actividad en la que tantos seres que podrían llegar a ser niños son utilizados como objetos algo muy grave está ocurriendo en nuestra civilización.

La realidad es tozuda y los intereses golosos. Los embriones son vidas humanas que no deben ser producidas. Todos esos miles de embriones que de hecho se fabrican son tratados como objetos. Resulta cínico no otorgarles un respeto cuando todos y cada uno de nosotros hemos pasado por idéntica fase embrionaria. Una sociedad con tanques congeladores de embriones humanos demuestra tener una mente torpe o un corazón de hielo, o ambas cosas. Los valores de una civilización noble y solidaria requieren hipotecas y límites, y al menos una convicción: la defensa incondicionada de toda vida humana, sea cual sea su situación. De lo contrario se obtendrán “beneficios parciales” pero al coste de devaluar la dignidad de la vida humana. Ser humano y ser objeto de producción son dos nociones contradictorias.

Urge clarificar, establecer y defender el estatuto del embrión humano. La situación actual es delicada pero mujeres y hombres con preparación y sin prejuicios respecto a la realidad pueden y deben implicarse en esta apasionante tarea en la que nos jugamos, ni más ni menos, que nuestra propia identidad.

José Ignacio Moreno Iturralde