Dignidad humana

20.7.04

¡Pobres embriones humanos!

Yo me lo guiso y yo me lo como, como Juan Palomo. Así suena la música de la canción, cuya letra es la propuesta que la Comisión Nacional de Reproducción Asistida ha enviado al Ministerio de Sanidad, para tratar de modificar la ley de Reproducción Asistida de 1988, que regulaba estos procesos. Sin duda, pintan bastos para los embriones humanos en nuestro país.

Con esta propuesta se trata de regular tres asuntos distintos: el número de embriones que pueden ser fecundados e implantados; la posibilidad de utilizar los embriones congelados sobrantes de fecundación in vitro para la obtención de células madre para ser usadas en experimentaciones biomédicas y regular la creación de embriones para ser utilizados como donantes de material biológico con finalidad terapéutica. Aquí vamos a referirnos únicamente al primer punto.

Ante el problema del acumulamiento de embriones humanos congelados, sobrantes de las técnicas de fecundación in vitro, en la primavera de 2003 empezó a plantearse que solución dar a esta importante cuestión, pues, probablemente, no menos de 200.000 vidas humanas andaban en juego. Con acortada visión se pensó que lo que había que hacer era evitar que se volvieran a producir embriones sobrantes que hubiera que congelar. Por ello, el anterior Gobierno, por iniciativa muy directa de su ministra de Sanidad, Ana Pastor, promovió una ley que proponía no fecundar más de tres óvulos en cada ciclo de estimulación ovárica y no implantar más de tres embriones. Así se conseguiría no acumular embriones sobrantes y se evitarían los embarazos múltiples, tan perjudiciales para embriones y gestantes. La ley fue aprobada el 23 de noviembre de 2003. Pero en el mismo texto legal se incluían una serie de excepciones que permitirían producir e implantar más de tres embriones. Las excepciones se regularían más adelante, lo que no se pudo hacer en la legislatura anterior. Ahora, la nueva ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha retomado el tema con diligencia, reuniendo a la Comisión Nacional de Reproducción Asistida, para recabar su opinión sobre las posibles excepciones que podrían formularse a esta ley, habiéndose sugerido veinticinco. Al aprobar tan gran número de excepciones, se van a poder fecundar e implantar más de tres embriones en la gran mayoría de los casos, con lo que la ley quedará vacía de contenido en lo que a reducir el número de embriones que se puedan implantar se refiere. Todo ello hace que no solamente no se haya resuelto el problema de que se generen embriones sobrantes que haya que congelar, sino que a la producción de estos embriones se le da cauce legal, cosa que no hacía la ley de 1988. Es decir, vamos a tener que seguir congelando embriones humanos, que se irán almacenando, por lo que al cabo de unos años se volverá a proponer que sean usados para investigaciones biomédicas, ya que no se sabrá qué hacer con ellos. Seguiremos cosificando al embrión. Tratándolo como algo que puede ser utilizada en beneficio de terceros. Algo absolutamente incompatible con el respeto que el embrión humano por su misma dignidad merece.

Como al principio se ha comentado, para poder presentar este proyecto de ley, la ministra de Sanidad ha recabado la opinión de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida, precisamente compuesta por aquellos especialistas que, en aras de dar una mayor eficiencia a sus técnicas, no tienen inconveniente alguno, al menos así lo parece, en implantar más de tres embriones humanos, aunque esto signifique posibilitar la congelación de los sobrantes y tener que recurrir a la reducción embrionaria en caso de embarazos múltiples, es decir a eliminar, en estos embarazos, el número de embriones necesarios para dejar solamente uno o dos. Es decir, llana y simplemente, a terminar con la vida de los embriones sobrantes. Esto es así, se mire por donde se mire. ¡Pobres embriones humanos! Han llegado a ser menos que nada. Material experimental, cuando no de desecho. No se si los que defendemos la vida estamos haciendo todo lo que podemos, seguramente no, pero lo cierto es que cada día la vida del embrión humano preimplantado está siendo más atacada, tiene menos valor, algo que es totalmente incompatible con la dignidad que esos seres humanos, tan débiles e inocentes, tienen.

Justo Aznar.