Dignidad humana

28.7.04

«Las rescatadoras» logran salvar a cien niños de las garras del aborto en España

Dos madrileñas se encargan de convencer a las mujeres que quieren acabar con su embarazo.

Su trabajo es anónimo. Pocos saben de la existencia de estas dos mujeres madrileñas que tienen como vocación vital, en sus ratos libres, de atender a aquellas mujeres que están indecisas entre tener al hijo que llevan dentro o abortar. Familiares y amigos de estas chicas son los que suelen contactar con alguna organización pro-vida para solicitar ayuda. En ese momento entran en acción «las rescatadoras». Abordan a la embarazada y tratan de darle ánimo. Le explican el drama del aborto y las consecuencias psicológicas para la mujer. Le ofrecen ayuda para el futuro. Ya han salvado a 100 niños del aborto.

Están disponibles las 24 horas del día. Las conocen como «las rescatadoras» y su función es ganarse la confianza de aquella mujer embarazada que quiere acabar con el niño que lleva dentro por presión familiar, del novio o por puro miedo al futuro. En tan sólo cinco años han logrado salvar de las garras del aborto a 100 niños. La familia o los amigos de la embarazada suelen reclamar ayuda a las asociaciones Pro-vida ante la intuición de que la hija, la hermana o la novia está rumiando abortar. Pro-vida llama a las rescatadoras, y éstas, se ponen a trabajar. Hablan con el «contacto» de la embarazada y recaban información sobre las circunstancias personales y familiares que rodea a la mujer en cuestión. Entonces, «las rescatadoras» intentan aproximarse a la embarazada creando un clima de confianza.

Clínica Dator. El último «trabajo» que realizaron estas heroínas fue hace unas semanas. Manuela tenía ya hora en la clínica Dator para ir a abortar. Estaba de cinco meses y medio. La madre de Manuela decidió llamar a Pro-vida ante la ineficacia de sus argumentos para que su hija no abortase. «Las rescatadoras», tras hablar con la madre de Manuela, se presentaron un día en la casa por sorpresa. Ante el susto inicial, Manuela decidió sincerarse. Aún con dudas sobre su embarazo, accedió a ver con sus propios ojos la ecografía de su bebé. Un ginecólogo amigo de «las rescatadoras» abrió su consulta de madrugada para que Manuela comprobara como su hijito se chupaba el dedo, bostezaba, daba pataditas y tenía la cabeza y los ojos perfectamente formados. Tras ese shock, Manuela y su novio decidieron continuar con su embarazo.

«Las rescatadoras» suelen repetir que «ninguna mujer, con intención de abortar, que finalmente ha decidido tener a su hijo se arrepiente. Sin embargo, las que abortan, la mayoría sufren en silencio».

Otro caso en el que intervinieron fue el de Carmen. Con 22 años se quedó embarazada. Su familia quería que abortara. La jefa del trabajo fue contundente: «Abortas o te vas». Sus amigas le decían que era una «egoísta» por tener al niño. Su novio... bueno, desapareció del mapa y sigue en paradero desconocido. La tabla de salvación de Carmen fue José Luis, hoy su marido, que pidió ayuda a «las rescatadoras» y logró salvar al niño. José Luis y Carmen crearon hace un año una de las más vigorosas organizaciones Pro-vida que hay en España.

Con miedo. Se llama Laura y tenía 23 años cuando se quedó embarazada. Se encontraba sola. Nadie le apoyaba en su embarazo: ni sus amigas, ni su familia, nadie. Todos le empujaban a abortar. Pero tampoco nadie le contó lo que venía detrás: las pesadillas, las depresiones... Nadie le explicó que existía el «síndrome post aborto», que estuvo a punto de sufrir. «Cuando estaba de camino a la Dator relata Laura un señor me paró por la calle al ver mi cara de angustia. Le expliqué que iba al médico y se ofreció a acompañarme. Una vez allí, todo eran facilidades: mi supuesto desequilibrio psicológico me permitiría abortar sin problemas. Cuando el señor que me acompañaba comprendió lo que iba a hacer me aconsejó hablar con alguien que hubiese pasado por lo mismo que yo, y me puso en contacto con la Fundación Vida». Después de hablar cuatro horas con una «rescatadora» recapacitó y decidió no abortar. Hoy se siente feliz.

Álex Rosal. La Razón.