Dignidad humana

29.7.04

La vieja dama

La visita de la vieja dama, la más célebre de las obras teatrales de Dürrenmatt, es una buena parábola del insistente olor a podrido que percibimos en la moderna biomedicina.

Una vieja dama regresa un día al pueblo del que se vio obligada a marchar hace más de cuarenta años. En esas cuatro décadas, todo ha cambiado mucho: mientras el pueblo está hundido económicamente, con toda su población empobrecida y un aspecto ruinoso, la vieja dama, viuda de un magnate del petróleo, ha heredado una de las fortunas más grandes del mundo. Las lógicas esperanzas del pueblo se ven correspondidas por su ilustre hija, que promete un desorbitante regalo de mil millones de dólares: quinientos para el municipio y quinientos para repartir entre todas las familias. Pero la vieja dama se había ido del pueblo con su embarazo juvenil y su deshonra, abandonada por el hombre que amó. Y ahora supedita su magnanimidad a una inesperada condición: los mil millones serán para el pueblo y sus familias si alguien mata a ese hombre.

El alcalde, indignado, recuerda a la dama que "estamos en Europa", no en la selva, y en nombre del pueblo rechaza la oferta: "preferimos seguir siendo pobres a mancharnos de sangre".

Alfred, el hombre que abandonó a la vieja dama cuando ambos tenían menos de veinte años, tiene una tienda de ultramarinos y es un vecino muy popular. Por su tienda pasan ahora sus clientes para manifestarle que están con él incondicionalmente. Al mismo tiempo, todos empiezan a comprar por encima de sus posibilidades, sin pagar al contado: "apúntelo en la cuenta", dicen. Todos piden la mejor carne, el tabaco más caro, un whisky prohibitivo...

También empiezan a comprar electrodomésticos y automóviles a crédito, a vestir ropa nueva... El pueblo está contento, desconocido, y Alfred empieza a tener claro que la gente "se prepara a celebrar la fiesta de mi asesinato". No se equivoca. El alcalde le visita una noche para entregarle un fusil cargado, con estas razones: "Sería deber suyo poner fin a su vida ahora, asumiendo las consecuencias como un hombre de honor, ¿no le parece? Aunque sólo fuera por espíritu de solidaridad, por amor a su pueblo natal. Usted ya conoce nuestra amarga penuria, la miseria, los niños hambrientos...".

No voy a contar cómo termina esta historia, porque en realidad todo termina cuando el pueblo cede a la tentación de la riqueza y prepara el asesinato de Alfred. Dejarle con vida no cambiaría las cosas, pero matarle sería un excelente negocio. Don Dinero siempre fue poderoso caballero, y para justificar lo injustificable nunca faltan razones. La visita de la vieja dama, la más célebre de las obras teatrales de Dürrenmatt, es una buena parábola del insistente olor a podrido que percibimos en la moderna biomedicina.

Nadie niega que el aborto y los diversos medios de contracepción producen beneficios astronómicos a las clínicas abortistas y a ciertas multinacionales famacéuticas. También sabemos que la investigación biomédica se ha disparado por los enormes intereses económicos que pone en juego. Por eso, el político que acusaba al partido opositor de oponerse a la investigación con células madre embrionarias por prejuicios religiosos, en realidad estaba lanzando una sospechosa cortina de humo. En estos asuntos, detrás de decisiones políticas alegremente permisivas suele haber mucho dinero y muchos votos. La vieja dama no lo pudo expresar mejor, hace ya medio siglo: "Quiero comprar la justicia, justicia por mil millones".

José Ramón Ayllón.